domingo, 4 de septiembre de 2011

CAYETANO TIENE JUANETES


3 de septiembre de 2011
PLAZA DE TOROS DE RONDA
LV Tradicional corrida goyesca
TOROS DE NÚÑEZ DEL CUVILLO PARA
EL JULI, MANZANARES Y CAYETANO
Crónica, Quintana. Fotos, Roca
Nueva expedición de la peña El Remellao. Salimos con algo de retraso de San Roque destino Ronda, nos despistamos por la carretera y llegamos tarde al punto convenido. Nos entretenemos más de la cuenta saboreando un queso exquisito, un guiso de carne de chivo y unas riquísimas castañas al brandy en la venta La Navasilla, cerca del cruce de Igualeja. Llegamos a Ronda tarde y nos perdemos el primer toro. Desde la puerta de la plaza oímos aplausos para El Juli, pero son unos aplausos fríos, como si se estuviera celebrando una conferencia y no una corrida de toros. No se oyen ovaciones ni olés. El clarín da un aviso. Más aplausos. Entramos por fin en la plaza y nos dicen que ha El Juli ha cortado una oreja.


Salío el segundo de la tarde, un toro barroso y bragao corrido, bizco del izquierdo, gordo y flojo. Paladeamos la briega exquisita de Curro Javier y la precisión pareando de Trujillo y Blázquez. A falta de fuerzas, el toro se dedicó a intentar puntear los engaños y a derrotar con la cara alta. Manzanares estuvo aseado y poco más. Transcurrió todo en silencio y acompañó el recogimiento una marcha fúnebre interpretada por la banda de música de Los Barrios. Mató Manzanares de una buena estocada en su sitio y le regalararon una oreja.



El tercer toro, castaño, bociblanco y tocadito del derecho, flojo de remos, sus escasas fuerzas las empleó en rematar las embestidas con derrotes por alto. Cayetano, vestido con un traje rosa con bordados en negro que según comentaron es diseño de la propia Cayetana, duquesa de Alba, se dedicó también él a hacer figurines delante del toro. Como ni el toro tenía fuerzas ni recorrido ni el torero mando para obligarlo a desplazarse, todo transcurrió por los terrenos de la nada taurina. Mató de una estocada entera tendida y por todas estas insignificancias le regalaron una oreja.


Cuarto de la tarde. Colorao, bociblanco, ojo de perdiz, con un defecto en la culata que debió haberle costado no pasar el reconocimiento veterinario y era que tenía el anca derecha de la grupa más baja que la izquierda por lo que esta pata le quedaba un poco más larga y la apoyaba mal, echándola hacia fuera. Sin embargo, fue un toro bravo que no se cansó de embestir metiendo la cara abajo y con nobleza de sobra para ser maestrante de Sevilla y Ronda. El Juli dio una lección de los que es mando y ligazón en el toreo. Inició las series adelantando la muleta todo lo que el brazo da de sí, recogía la embestida del toro, se la traía hacía él y la llevaba luego todo lo que era capaz de alargar el brazo, ligaba el siguiente muletazo y completaba así una serie tras otra, una veces rematando con el de pecho, otras saliéndose con molinetes, otras iniciaba un pase circular y lo ligaba con un derechazo, el caso que es que parecía pasear al toro por donde quería tirando de una invisible cadena.



Por fin surgieron los aplausos espontáneos, apasionados y sinceros. Como todo no puede ser perfecto, mató recurriendo a un truco un poco tramposo y es que al iniciar el volapié se sale descaradamente por la derecha del toro y en paralelo a la cruz da un saltito para meter el estoque. A pesar de la artimaña, pinchó al primer intento pero al segundo la metió entera. Aplausos y vuelta al ruedo al toro en el arrastre. Dos orejas para El Juli que mereció por su toreo pero cuyo valor menguó por la forma de matar.





Para contradecir el dicho de que no hay quinto malo salió el nº 147, negro bragao, que embestía rebrincado y se paraba a la defensiva. Bregó muy bien Trujillo y se lucieron con los palos Curro Javier y Blázquez. No se acopló Manzanares con el manso y la faena fue deslucida. Tardó mucho en entra a matar y se alargó con los preparativos tanto que el toro, aburrido, terminó por echarse. Sonó un aviso, se levantó el toro, ejecutó Manzanares un soberbio volapié y lo mató. Pitos en el arrastre y palmas para el matador, que saludó desde le tercio.



El sexto fue un toro negro (nº 129) enmorrillado y con la cara alta, quizá el de mayor presencia de la corrida. Cayetano lo recibió de capa dejando que pasara el toro y luego le dio dos o tres pases de tijerillas y lo más notable fue una serpentina con la que remató la serie pero no sé si el toro la vio desde su posición. Aurelio Cruz se empeñó en que el toro descolgase el cuello a base de barrenar en dos o tres sitios del morrillo y luego, con rapidez, puso la cuadrilla dos pares de palos también en distintos sitios del lomo. Brindó de nuevo Cayetano a a la Sra. duquesa y comenzó la faena de rodillas en el tercio con dos o tres mantazos muy aplaudidos, luego se llevó el toro a los medios y comenzó a dar pases muy cortitos, cortando el viaje del toro, sin alargar la mano ni vaciar la embestida para ligar el siguiente pase, así que las series no admitían más que dos muletazos después de los cuales el toro se le quedaba a la altura de las piernas, lo que le obligaba a tener que rectificar su posición y tener que empezar de nuevo a recolocarse delante del toro, eso sí, componiendo la figura y adornándose mucho. Gustó mucho que se quitase las zapatillas, esta suerte se la he visto hacer en Sevilla, será que usa un número pequeño y que le molestan los juanetes porque el piso estaba seco y no había peligro de resbalarse. Hizo como que quería matar recibiendo, ejecutó luego un volapié y logró una estocada entera, algo caída, oyó un aviso antes de que doblara el toro y le dieron dos orejas.



Manzanares, que no se resignaba a salir de la plaza a píe, pidió el sobrero. Salió el 7º de la tarde, un toro colorao que debió salir ya lesionado del chiquero pues embistió dos o tres veces de forma poco coordinada a la capa de Manzanares y a la tercera se descordó, se derrengó de los cuartos traseros y como ya no hubo forma de volver a ponerlo en pié tuvo que ser apuntillado por Blázquez.



Salió entonces el segundo sobrero y 8º toro de la tarde, castaño y marcado con el 219, blandito de manos pero muy repetidor y noble. Entró pronto al caballo y embistió con fijeza y sin menear la cabeza, lo cuidó Barroso pinchando lo justo y quitó rápido Curro Javier, que luego bregó con limpieza y suavidad para que pusieran dos buenos pares Trujillo y Blázquez, aunque birlándonos con permiso de la presidencia el tercero. Manzanares brindó a sus dos compañeros y también al empresario de la plaza, Sr. Rivera Ordóñez, poseedor de la medalla al merito artístico y triunfador este año en la feria de Cabeza la Vaca, provincia de Badajoz, que salió al ruedo a recibir el brindis vestido con un terno gris de dos piezas, pantalón y chaqueta, adornado con corbata oscura sobre camisa blanca. Después de la cortesía, Manzanares desplegó su mejor toreo, llevando largo al toro, acompañando el viaje con la cintura, ligando y alargando las embestidas con cambios de manos. La faena bajó de intensidad en su tramo medio porque mostró el toro ciertos síntomas de quedarse parado, pero tras una pausa para darle un respiro, volvió a embestir y a meter la cara en la muleta y Manzanares a mandar sobre su trayectoria . Nos enseñó como se mata recibiendo, cobró una estocada entera que fue el colofón justo a una faena que mereció las dos orejas que se le concedieron.

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